Tengo casi un año encima, un año sin escribir. Lo divertido del asunto es que cuando me pongo en la disposición de escribir se me olvida la ubicación de las teclas y me detengo a sobrepensar cada frase, casi como si estuviera a punto de decir algo muy importante. En todo caso, he vuelto esta vez con una excusa interesante... está bien, digamos que solo con una excusa.
Tengo, quizás, un millón de cosas nuevas sobre las cuales quisiera escribir, pero he perdido de tal manera el hábito que tengo que aceptar que me da un poco de miedo reencontrarme con mis ideas escritas en una hoja blanca. Lastimosamente para mi no tengo memoria prodigiosa y es mejor que de vez en cuando abandone la cobardía y me dedique a escribir.
Hoy me acoge una palabra que en lo personal considero bellísima: performativo. Hay muchas cosas que giran en torno a esa expresión, que para mi se refiere, sobre todo, a la teatralidad. Teatralidad del discurso, por ejemplo, o de la forma como nos relacionamos con nuestro entorno inmediato. Es posible que en la vida cotidiana dependamos profundamente de la teatralidad (no de la sobreactuación ¡ojo!) y digo es posible porque para algunos el lenguaje (entendiendo lenguaje como palabras y todo lo que se puede hacer con ellas) es suficiente cuando se tiene la intención de reproducir sensaciones, experiencias, pensamientos.
Bueno, últimamente he notado (con alegría) que probablemente el lenguaje sea absolutamente insuficiente cuando se trata de contar emociones. Es decir, no puedo ignorar que el lenguaje es bellísimo, pero no puedo negar que casi todas las veces que intento hablar sobre algo que siento, me emociona o me angustia siento la necesidad de salir corriendo a inventar una lista completa de nuevas palabras o de cambiarle el sentido a las ya existentes. Me faltan, me faltan muchísimas expresiones, exclamaciones, formas de preguntar, incluso cosas que decir. Necesito mantener el contacto con mi interlocutor para pensar que me estoy haciendo entender, saltar sobre una silla, correr en círculos, gritar onomatopeyas.
En fin, acabo esto con la sensación de "estoy muy oxidada" preferiría no volver a escribir pero debo prometérmelo, para no olvidar. Incluso se me ocurre copiar de la manera más básica a mis tan queridos e incomprendidos (por mi) dadaístas y tomar una bolsa de letras para crear palabras al azar.

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